La esencia del
Mayab en la cocina de Yucatán
Por Miguel II
Hernández Madero
La cocina
yucateca es única y resume la esencia de esta región. Esta afirmación no es
provocada únicamente por el profundo amor al terruño, sino por las
características culinarias de la zona.
Mientras en
otras partes del mundo la cocina se vuelve práctica echando mano a lo que se
encuentra, en la Península la cocina tradicional transforma y adapta para
lograr una combinación de sabores, color y aromas.
¿Quién puede
negar el impacto visual de un plato de cochinita aderezado con cebolla roja
curtida, cilantro y chile en polvo? ¿Acaso el frijol con puerco no es más rico
con su guarnición de hortaliza cortada finamente? ¿Y qué decir de los huevos
motuleños, el relleno negro o los salbutes? Para un visitante los salbutes no
son más que una tortilla gorda, llena de grasa, con carne, cebolla y tomate…,
sin embargo, al probarlos el platillo pasa de ser esa tortilla frita y suave a
convertirse en un verdadero manjar, que con poca carne es capaz de satisfacer
el hambre a varias personas al combinársele con el maíz, alimento emanado de
dioses olvidados.
Así vemos cómo
la cocina de Yucatán transmite el espíritu ancestral de tomar lo que se tiene a
la mano para convertirlo en algo grandioso. En este caso, la comida no
solamente cumple con nutrir, sino con satisfacer los placeres de la vista, del
paladar y del olfato, tanto de vivos como de muertos, pues en el tradicional
Hanal Pixán las ánimas llegan para disfrutar de los alimentos a través del
aroma.
Por toda la
extensión yucateca encontramos lugares que venden platillos que primero entran
por el olfato y la vista, preparando al comensal para los sabores que
jamás se olvidan.
Y sería vano
hablar de un solo estilo de cocina yucateca, pues no se encontrarán recetarios
absolutos al estilo de compendios gastronómicos, para conocer la comida en
Yucatán hay que recorrer los municipios, ir a los lugares donde se come bien y
que forman ese mosaico de olores y sabores, con variantes según sea el
municipio, pero con rasgos comunes. Lo importante es ir a los lugares donde se
come bien y que forman el mosaico de la rica comida yucateca.
Los sitios
emblemáticos yucatecos, también tienen sus propios guisos, sea en comunidades
grandes o pequeñas, pero que en conjunto forman ese Yucatán maravilloso que
conquista a través del paladar.
Pero además
queda el celo con que se defiende hasta el nombre de la comida yucateca, frente
a la oleada de migrantes quienes han dado por llamar “salbute”, al salbut,
“pozol” al tradicional pozole ancestral que beben los hombres del campo y que
cada vez es más raro encontrar en la ciudad, o escuchar “cayumitos”, cuando se
refieren al dulce caimito, o escuchar que al frijol kabax, algunos despistados
le dieron en llamar “frijol con puerco sin puerco”, manera eufemisma de
bautizar su “descubrimiento”.
En fin, los
guisos abundan y aunque haya quienes inventen platillos, que quieran hacer
pasar como “tradicionales”, es indudable que siempre se anhelará un buen plato
de frijol con puerco, un relleno negro, unos salbutes o unos panuchos, o ya de
plano sentarse a comer un buen poc chuc, con su carne curtida en naranja agria
y con su cebolla morada.
Esa es la
riqueza gastronómica de un pueblo que se niega a perder sus raíces.
Por Miguel II Hernández Madero


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