La danza de
los desesperados…
POR MIGUEL II HERNÁNDEZ MADERO
Faltan poco
más de un año para el inicio de las campañas políticas rumbo a las elecciones
de 2021, pero varios personajes parecen Cenicientas y Cenicientos, presas de la
desesperación por llegar al baile de las candidaturas para competir por algún
cargo de elección popular.
En Yucatán,
gracias a las reformas electorales durante la anterior administración federal,
se conjugan las dos elecciones: la federal y la estatal. Sea cual sea la
nominación, generalmente los candidatos a diputados desaparecen una vez que
terminan las campañas y ganan, pues esgrimen el pretexto de que van a
desempeñar sus cargos “representando a los ciudadanos en el Congreso”.
Pero hay que
reconocer que muchos de esos candidatos son desconocidos para los ciudadanos
que pretenden representar; muchas veces ni siquiera saben de quienes se trata,
de donde salieron o qué méritos han tenido para obtener esa nominación, pero
cuando menos los verán en campaña, sea cual sea el partido del que se trate.
Por lo que
respecta a las elecciones municipales, se enfrentan los grupos que se disputan
el poder en cada comunidad. Son vecinos, familiares, amigos, quienes enarbolan
las distintas banderas para ganar las posiciones. Yucatán pese a ser
considerado pacífico, en esos procesos pierde algo de cordura. Nuestra historia
electoral está repleta de enfrentamientos, violencia en casillas, grupos de
presión, verdaderas brigadas volantes que van de casilla en casilla para
intimidar “en defensa de su voto” y hasta toma de Palacios Municipales.
¿Fantasía? No,
para nada, es descripción de lo que ha ocurrido en Yucatán en la última
generación y que desafortunadamente en el pasado reciente ha cobrado vidas, y
que ojalá no se repita en las elecciones intermedias de 2021, donde la actual
administración estatal seguramente pondrá todo su esfuerzo para mantener una
imagen de poder y control político en el estado, muy lejana a la realidad que
está viviendo.
Lamentablemente,
con el esquema del “gran elector”, creado por el PRI y copiado por los demás
partidos, se corre el riesgo de repetir errores en la selección de candidatos.
De manera general, al privilegiar la amistad o la cercanía con quien tome las
decisiones moviendo los hilos de una presidencia de partido desangelada (PRI o
PAN), para designar a los candidatos, el resultado es un total alejamiento
entre los aspirantes y los ciudadanos.
La solución no
es abstenerse o desperdiciar los sufragios votando por partidos sin
representatividad y que sólo medran los recursos públicos, manteniendo su
registro. No debe ser así. Los ciudadanos deben ejercer responsablemente sus
votos y mostrar con ellos su opinión sobre el desempeño observado hasta
entonces, buscando un cambio si es necesario, o dando el voto de confianza al
trabajo realizado. Si esto no se hace, si el ciudadano no ejerce su privilegio
y sigue actuando igual, entonces las cosas seguirán iguales, sin posibilidad de
cambio, sin mejora y sin futuro.
La
desesperación de aspirantes a cargos de elección popular desde ahora, ya es
evidente en muchos lados. Lamentablemente, también se observa soberbia,
inmadurez y enajenación, esperemos que cuando menos por guardar las formas,
prevalezca la prudencia y se no se cuelguen de cualquier bandera, opinión o
corriente que no aporta, no soluciona nada y sí perjudica mucho.
Hasta la próxima…


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