Proyecto de
visitas escolares estimula el conocimiento de la ciudad de Mérida
Mérida, Yucatán,
28 de septiembre de 2019
- Pequeños
estudiantes de la Escuela Primaria Héroe de Nacozari, descubrieron secretos,
historias y leyendas que resguardan los muros del anexo al templo de la
Mejorada, donde hoy está erigida la Facultad de Arquitectura de la Universidad
Autónoma de Yucatán (UADY).
Alumnos de la
materia “Análisis y critica de la arquitectura a través de la historia”
acudieron al encuentro con los niños que estaban dispersos en el patio donde
unos exploraban asombrados, mientras otros miraban la vegetación que colgaba de
los árboles; algunos más, atendían una indicación de la maestra. Todos, eso sí,
maravillados con en el amplio espacio del edificio colonial, que data del siglo
XVI.
Una vez
reunidos con tranquilidad en un salón, la profesora titular de la materia,
Elvia González Canto, les regaló un libro ilustrado para colorear, el cual
narra los acontecimientos históricos relevantes del sitio y describe las
características arquitectónicas de los edificios que integran el Barrio de La
Mejorada.
“El objetivo
es que los niños conozcan la historia del Barrio donde viven y estudian,
hacerlo de manera entretenida y que estimule su conocimiento por aprender más
sobre el patrimonio edificado de la ciudad”, explicó la docente.
En efecto, la
Primaria Héroe de Nacozari se encuentra a unos metros del antiguo edificio que
es sede del Campus de Arquitectura, Hábitat, Arte y Diseño de la UADY. Por
ello, resultó motivadora la experiencia de aprendizaje para los pequeños
estudiantes.
Armados con
sus libros, empezaron la exploración guiados por un alegre personaje llamado
Manuela, que resulta ser la campana más antigua del templo de La Mejorada. Así,
por medio de una actividad lúdica, señaló Elvia González, se estimula el
conocimiento de la ciudad de Mérida, y en este caso, de uno de sus Barrios.
Entonces,
niñas y niños se hicieron la aventura guiados por la campana Manuela, quien
desde las páginas del libro contaba la historia del lugar con más de 380 años.
Admirados, pero a la vez temerosos, escuchaban atentamente cada palabra leída
por los jóvenes estudiantes de la Facultad de Arquitectura, quienes compartían
con ellos.
En el siglo
XVI, les narraron, el conjunto se construyó en dos etapas: Primero la iglesia
que es un emblemático templo colonial; y posteriormente edificaron el convento,
un complejo con arcos de piedra y bóvedas que se ubican en la planta baja. El
conjunto fue concluido en 1694. Atónitos mientras seguían la historia, los
pequeños gritaban: ¡Más! ¡Más!, para que los jóvenes continuaran con el relato
de las andanzas de Manuela.
La parte más
bonita del edificio, dijo la campana emocionada, es el patio central, desde ahí
entra la luz, el aire y por los arcos podemos caminar y cubrirnos del sol y la
lluvia.
En 1861 el
convento se convirtió en el primer nosocomio de la ciudad nombrado como
Hospital General de San Juan de Dios, después albergó una cárcel de mujeres,
más tarde el cuartel de soldados y a finales de los años 70 fue donado por el
gobierno del Estado a la UADY, para albergar lo que es ahora la Facultad de
Arquitectura, donde se formaron salones para los talleres con puentes de
viguetas de fierro y pilares de mampostería.
La doctora
Elvia González tomó la palabra y comentó que, actualmente, la Facultad puede
visitarse para admirar el edificio y observar trabajos de los estudiantes que
representan técnicas arquitectónicas utilizadas por nuestros antepasados.
La treintena
de pequeños continuaba cautivada, se miraban entre sí, con expresiones de
emoción y hojeando el libro queriendo saber más. Manuela la campaña prosiguió,
para darle turno al Cuartel de Dragones. A un costado del templo, encontramos
el legendario Arco de Dragones, llamado así por el cuartel, que se construyó en
el año de 1690 y su función fue marcar límites entre cada barrio.
La vieja
campana continuó la explicación a detalle: El Cuartel primero fue hospital de
los frailes franciscanos, después acantonamiento de soldados del Regimiento de
Dragones, y a principios de los años 90 se creó el Centro Cultural del Niño
Yucateco, que hasta el día de hoy es un edificio lleno de risas y alegría de
infantes que acuden para conocer, aprender y preservar la cultura yucateca.

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